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12 enero 2021

L'últim bany sota les estrelles

La tristor de dir-te adéu m'acompanya.

La lluna reflectida en l'oceà és tota la llum que ens guia.

Les onades ens abriguem fins que es deixen caure a la vora, morint en una explosió de bombolleig.

Sé que l'olor de la sorra humida i la sal, que a poc a poc es diposita sobre la teva pell, seran els meus darrers records de tu.

No m'agrada acomiadar-me, però escriuré aquestes paraules a la sorra, perquè tu també em recordis amb tendresa, fins que la mar o el vent se les enduguin.

M'aferraré a aquestes memòries quan l'estiu deixi de ser l'estiu, i l'hivern es converteixi en l'HIVERN.

PS: Ens veurem quan el sol devori la nit a queixalades mentres la lluna s'ho mira innocent, sense saber que ella serà la següent.

15 mayo 2019

Sólo palabras

Sé que te debo tiempo y palabras, y no merezco más que vivir en tu olvido. Como el tiempo que se va ya no vuelve, dejaré aquí sólo palabras.

Creí estar siempre ahí para ti y que tú también estabas (casi) siempre ahí para mí, pero me di cuenta de que no. Pensé que todo había sido un juego para ti, de hecho, debido a tu silencio es probable que lo fuera. Me sentí traicionado, por tus mentiras a la cara y ahora pienso que es posible que me lo ocultaras para no hacerme daño (quién sabe), o quizá, sólo para que no te juzgara. De la noche a la mañana desaparecí sin mediar palabra y sin despedirme, o al menos yo lo recuerdo así. Es posible que me hayas odiado por ello y probablemente lo mereciera. Si te consuela, hay días, como hoy, en los que me arrepiento y pienso qué hubiera pasado si la estupidez no nublara mi mente tan a menudo. Ahora, después de tanto tiempo, ya todo poco importa. Somos personas distintas, completos desconocidos.

A pesar del tiempo, a veces me pregunto que habría pasado si hubiera sido suficiente maduro para perdonar tus engaños y decirte lo que pensaba en lugar de huir de ellos. Parece que la madurez llega a los treinta (o no xD). Otras veces pienso que un día nos cruzaremos por la calle y te invitaré un café y nos pondremos al día riéndonos de lo estúpidos que fuimos. Muy a mi pesar, sé que somos idiotas y si nos cruzamos haremos como si no nos hubiéramos visto. Sí, se podría decir que, a mi manera, te echo de menos.

Para acabar, si alguna vez lees esto me gustaría que que yo haya pensado en ti una noche como la de hoy al menos te hiciera sonreír (no me importaría que me lo hicieras saber, aunque supongo que ya es pedir mucho xD).

Hasta que nos crucemos.

PS: He escrito más esta noche que en los últimos ocho años.

Ya suenan las doce
Ya todo terminó,
Las risas y los llantos,
Las voces y las luces...
Quedan vasos vacíos
Y platos sucios
Recuerdos de ayer,
Un día de júbilo.

Entre las sombras
Ella sólo observa
Y juzga silenciosa
Nuestros pecados.
Como lunáticos, gritamos
Pero las sombras lo ahogan todo,
Esperando el momento
En que el lucero del alba
Anuncie un nuevo día
Y así, la luz del sol,
Esconda lo ocurrido.

26 septiembre 2016

¿Corazón que no siente?

Un texto que encontré escrito por ahí, en la oscuridad de este blog ( de 2010 o algo así...):

Era de lo más vulgar, una más en el jardín que rodeaba una casa, de estilo colonial, construida en los años sesenta por un indiano enriquecido que había regresado al hogar. Con el tiempo, el edificio había envejecido y perdido gran parte de su esplendor, pero aún conservaba una pequeña parte del jardín y de la elegancia que éste le concebía. A pesar de todo, pertenecer a ese jardín no la hacia sentir especial, ya que la zona había sido recientemente poblada por grandes urbanizaciones que ridiculizaban aquel pequeño espacio natural entre la calle y la puerta de la casa donde estaba. Se sentía sola y abandonada en aquel recóndito lugar.

Fue la primavera quien la hizo ver más allá de esa verja oxidada. Ella abrió sus ojos y la vio florecer. Suaves pétalos blancos y una fragancia que embelesa. Era tan bella que las palabras poco podrían decir de ella. No era sólo su aspecto, se podía percibir una aura a su alrededor que hacía sentir bien a quien quiera que la mirase, la tocase, la oliese...

La casa estaba medio abandonada, por ahí sólo pasaba el hijo del dueño tres veces por semana a cuidar lo que quedaba de jardín. Se llamaba Andy, tendría unos venticinco años y siempre iba apoyado en su pequeño bastón blanco. A ella le gustaba como trataba el jardín, como si hubiera algo mágico escondido en él, algo que, al parecer, nadie más podía percibir. A veces se pasaba tardes enteras contemplándola y eso le gustaba. Se quedaba con los ojos distantes y una sonrisa bobalicona, y la acariciaba desde el tallo hasta los pétalos, despacio, siempre despacio. Si alguien lo hubiera visto, no sé qué le hubiese pasado por la cabeza, lo que es seguro es que no sería nada bueno.

Llegó el verano y Andy seguía con su rutina. Iba todos los lunes, los jueves y los sábados, como un reloj de ésos que hacen los suizos, siempre a la misma hora y en el mismo lugar. Primero regaba la hierba con una manguera, después, usando una regadora hacía lo mismo con las flores y luego pasaba el rastrillo por debajo de los árboles y recogía alguna que otra hoja. Finalmente, cogía una estera y se sentaba a su vera para sumirse en ése estado de contemplación vehemente. A ella empezaba a darle miedo su mirada perdida e inexpresiva, la sonrisa llena de locura, en general, él.

2022

Decidí no volver a soñarte.
De hecho, elegí no volver a soñar para no volver a soñarte.
Ayer te soñé. Hoy me arrepiento.
Aunque todavía no estoy seguro de qué me arrepiento...

Volví a abrir este blog después de mucho tiempo,
leí, recordé...
A veces recordar es suficiente,
otras veces no.
Mañana lo sabremos.

 ¿Hasta 2022?

20 noviembre 2010

¿final?

Inacabado... Dándole crédito a Gaudí, nunca dejó su sueño, pero no es así como suele ser. Quiero decir, normalmente no es un bus que corra tanto que evita que la iglesia-café, puntiaguda y rara sea construida. La mayor parte del tiempo es demasiado difícil, o demasiado caro, o demasiado peligroso. Es sólo que una vez que te has detenido te das cuenta lo difícil que es volver a empezar, así que te fuerzas a no quererlo. Pero siempre está ahí y hasta que lo termines siempre estará...

22 septiembre 2010

...y los sueños, sueños son...

Desgaste...desgaste...Quiero dormir y no quiero soñar...en la misma noche, la misma habitación, la misma música de fondo, esas palabras de nuevo, y esos silencios, las voces y las risas a lo lejos en otro mundo aparte. Y más silencios, entre miradas perdidas por miedo a encontrarse (y algún que otro suspiro).

No estoy ahí, estoy en otro lado y, como siempre, parece que la esquivo. Son demasiados grados a la sombra los que diluyen la tinta entre mis labios, y de mi pluma, las palabras huyen diligentes llevándome al abismo. El tiempo pasa y yo lo siento sólo como una brisa que me golpea suave en la mejilla. Si amontonara todos los versos nunca escritos, no impediría ver caer la luna, y yo con ella al ver salir el sol. Así, con las primeras luces, voy y le doy las buenas noches, pues no hablo yo, sinó otras voces que siempre se despiden. Nos movemos a otra alcoba, cada cual bajo su abrigo, no hay tres metros que digan aquí estoy, pero me duermo y vuelvo a despertar.

De nuevo en el mundo real, lejos de lo que no sucedió, sueños que recuerdan pesadillas... Por eso decidí dejar de dormir y de soñar, para impedir que los sueños me acosen por las noches y despierte con anhelo de otros tiempos, otros lugares y otras personas. Es probable que nadie más recuerde esa noche como yo, pero cada vez que sueño ya lo recuerdo por todos.

15 agosto 2010

Un segundo antes

Y justo antes de marcharme encontré un cabello tuyo en mi sofá. Lo recogí y lo dejé sobre la mesa, me quedé mirándolo y comprendí que todo va más allá de un simple sí o un no. Después lo tiré al suelo y barrí a conciencia.

Dime, niña, ¿y todo esto qué más da? Dime qué es lo que vale la pena, por qué luchar o por qué perder algo más que la dignidad. Por qué humillarse, por qué olvidar el orgullo, por qué soñar.

Sé que dejar pasar el tiempo no es la mejor solución, a veces hay riesgos que valen la pena, aunque sea para no arrepentirse de haberlos corrido. Nunca me entenderás y nunca te entenderé yo a ti, pero eso no es porque seamos yo hombre y tú mujer, sino porque tú eres tú y yo soy yo.

Quizá que te recuerden es el mayor regalo que alguien te puede hacer, quizá es el tiempo que no se puede devolver a cambio de un "tiquet-regalo". En realidad, eso acaba por no importar tampoco, se olvida con el tiempo y la distancia.

Ya termina el verano y me vuelvo a marchar, planearme volver o no sigue siendo una opción y no una obligación y eso es lo que me preocupa. El no volver por miedo a lo que me pueda encontrar a la vuelta o por no querer afrontar reencontrarte, tenerte delante y seguir estando lejos. No tener nada más en común que la edad y el tiempo que ya pasó y no volverá. Eso es lo que de verdad importa.

P.S.:
Dicen que no te debe importar lo que piensen los demás, pero eso no es cierto. Te debe importar que piensen las personas a las que quieres, tus amigos, pero quiénes son ellos. Empiezo a pensar que tengo un concepto de amistad diferente al de los demás, quizá equivocado, quizá no.

27 julio 2010

Desde mi ventana

Me encantaría desde mi ventana ver el horizonte. Escuchar a lo lejos al mar escupir sobre la arena en un incesante burbujeo. No ver la luna, pero saber que está ahí por el reflejo de luces estelares sobre la oscuridad mecida por las aguas.

Y todo verlo al mismo tiempo, sentir la brisa susurrándome al oído, perdiéndome en un sosegado momento de paz. Ésa sería mi ventana y sólo mía, aunque parezca egoista, no la compartiría. El tiempo se detendría junto a mi pensamiento, dejando entre ellos un gran vacío que no llevara a ningún lugar mas que a aquél, el alféizar de mi ventana.

No sólo eso vería desde allí. Podría imaginarme en el eterno vaivén de aquellas aguas, esconderme en la silueta de las palmeras, dibujar flores en el mar para enviarlas a aquellos corazones que no pudieran mirar por mi ventana. Y todo ello en el instante que dura un parpadeo.

Por desgracia, mi habitación nunca tendrá ventana. En realidad, no veré más allá de sus blancas paredes. No pisaré la línea que traza el horizonte, ni siquiera con una mísera mirada. Pero a pesar de todo, no puede la nostalgia alcanzar aquello que nunca sucedió y, por eso no estaré triste por no hallar la ventana que vaga por los confines de mi locura. Y además, sé que cuando quiera podré, en mi pared, imaginarla.

05 julio 2010

Quizá es tarde para preguntarse cuándo dejaron de ser coherentes mis pensamientos y mis actos. Es posible que también empezara, entonces, a boicotearme indiscriminadamente con cada uno de mis movimientos. Puede que hubiera una acción detonante, y luego, simplemente, me limitara a ser consecuente con ésta, perdiéndome en una espiral de catastrófica desdicha.

Sé que ha estado en mis manos cambiarlo todo y volver a empezar, dejar de hacer el gilipollas, de marear la perdiz, y no he aprovechado las oportunidades que el tiempo o alguien me ha brindado. No imagino lo que haría sólo por tener otro crédito en esta partida, me agarraría a un clavo ardiendo y no lo soltaría hasta que estuviera todo resuelto. Lástima que me haya esforzado por cerrar todas las puertas de salida y el tiempo haya decidido dejar de esperarme.

Ojalá uno pudiera arrepentirse y solucionalo todo, ojalá todo lo que cuento fuera ficción, ojalá nunca hubiera estado confundido...Si todo fuera tan fácil como en las películas... un guión escrito en que las decisiones no cambiaran nada...

Ciao, ciao, hasta la próxima.

13 junio 2010

Nada significa nada

¿Por qué nada siempre significa nada y todo nunca significa todo? Ya respondo yo, ya respondo yo: porque mentimos o exageramos. Y todos lo hacemos constantemente, es algo inherente al ser humano, a veces, incluso, lo hacemos sin siquiera darnos cuenta. Con estas que me percato de que ahora mismo lo estoy haciendo sólo por dignarme a escribir este texto. No tiene razón de ser, no debería existir y lo sé, y él también, pero divergencias en el camino me llevan a esribirlo, a escribir páginas y páginas de Algo sin sentido. (Y vuelvo a exagerar...)

¿Y qué es este Algo? Pues a veces lo es todo, y otras no es más que un gran nada escondido bajo mi cama.

¿Y qué es todo? ¡Qué no lo sé, cojones! Algunas veces es algo físico, otras ficticio o increible y, la mayoría es físico, ficticio e increible. Y de la unión de este Algo y los estados de ánimo, concretamente la esperanza, nace la utopía. En pocas palabras: cuando juntas en la misma frase ese Algo físico, ficticio e increible y la esperanza. Tanto Ulises como yo sabemos que esto no puede terminar bien, probablemente no llegue a buen puerto o se hunda por el camino.

¿Y el nada? ¡Nada siempre significa nada! (Excepto cuando estás dentro del agua...)

Bueno, el problema aparece cuando todo pasa a significar nada y viceversa en un eterno estado de rotación. Entonces, empiezas a perder la noción del tiempo y a olvidar el significado de las palabras. Y todo siempre es nada y nada puede que lo sea todo.

¿Y por qué nada siempre significa nada y todo nunca significa todo...?

06 junio 2010

Carta marinera

Me acordé de ti al no verte pasar cuando terminan todos esos cuentos de hadas que nunca leí, pero alguien me contó. Tampoco estabas de camino al puerto donde todos llegan y nadie se va, ni al despertar entre las sábanas de ayer, ni, seguramente, entre las de mañana.

Nunca te he visto, pero me acuerdo de ti cada vez que me acerco a la orilla del mar. Y paseo entre las olas galopando en ellas siguiendo el camino sinusoidal que nunca termina. Hace tiempo que no busco, siempre me encuentran a mí. Aunque nunca a ti, mujer sin rostro, sin silueta y ni siquiera alma que te ate al mundo terrenal.

Supongo que ya es hora de abandonar el camino y empezar a andar por los campos que nunca fueron pisados por el hombre. Olvidar todo lo que nunca he visto para hacer lugar a aquello que veré. No sé como funciona eso de buscar, pero en tierras desconocidas sé que encontraré. Por eso, al fin, dejo el hogar y me hago a la mar.

Navegaré al son de la lira que hizo todo arder, porque las llamas en el mar no saben que decir y a las sirenas les encanta la música que fue hecha para dioses. Así, si me pierdo, alguien oirá la melodía entre las olas y, como un mensaje en una botella, será mi rescate.Estoy seguro de que el mar nunca me devorará y algún día veré en el horizonte las tierras que hoy dejo atrás. También sé que ese día me inundará el gozo y la alegría. Me voy y regresaré.

Marinero errante

31 mayo 2010

Las cartas sobre la mesa

Estamos en una taberna orientada en el antiguo oeste americano. Vestimos revolver y sombrero, y nos deleitamos con la sensación que te queda después de haber tomado unos cuantos qüisquis. La mesa es redonda y nos acompañan los cuatro reyes más famosos de Francia con sus atavíos monárquicos y su corte al completo.

-Camarera, otro- dice una voz ebria que creo que es la mía.

Al cabo de cinco minutos se presenta ella con la botella y seis vasos. Deja los vasos sobre la mesa, los rellena y luego los reparte,como siempre, azarosamente. Antes de que vuelva a coger la botella yo me aferro a ella.

-No se la lleve, guapa.

-Entendido- responde ella sonriente, supongo que no debe estar acostumbrada a que le llamen guapa y no entiendo el porqué.

El rey de picas reparte las cartas violentamente como suele hacer. No le gusta lo que le ha tocado y decide retirarse a destruir ciudades con su ejército oscuro. Los demás seguimos jugando, sólo que ahora somos cinco.

Me levanto para estirar las piernas después de varias horas sentados y tambaleando me acerco al clavicordio. Me siento en el taburete y empiezo a tocar (taratara ta tara tan...). El rey de diamantes se levanta, invita a una ronda a todos los presentes y se marcha ya cansado de acumular ganancias. Quedeamos cuatro y media botella de güisqui escocés de 52 grados.

Hoy al rey de tréboles le ha abandonado la fortuna. Olvidó como se gana, como también olvidó el camino de vuelta a su castillo. Su reina decide que ya es suficiente por hoy, que el alcohol le sienta mal. Pide a dos de sus secuaces que le ayuden a levantar y que pidan una diligencia para volver al país de los leprechauns donde está su castillo de verano, con vistas al mar y todas esas pijerías que sólo se puede permitir un pequeño grupo de ciudadanos.

Y cada vez es más tarde y somos menos. El sol empieza a derramarse por el cielo empapado en gasolina y lo cubre de un color entre anaranjado y rojizo. Los caballos bostezan aburridos en la puerta mientras ven pasar bolas de heno danzando al son del viento que las guía. Seguimos ahí, cada vez más cansados de nuestros roles, de nuestras virtudes y los defectos de los demás.

El último rey de la baraja se levanta, cansado de tanto odio, saca el as de corazones de su manga y lo deja sobre la mesa. Se marcha sin decir nada, ni una sola palabra. ¿Somos para él desconocidos? La noche se lo lleva y nos deja sin ganas de hacer nada, sorprendidos y sin respuestas.

Fin

29 mayo 2010

De nuevo sumido en esa oscuridad que todo lo debora. Igual que intentó acabar con Fantasía ahora lo intenta conmigo. Por suerte, es un proceso rápido e indoloro, al menos físicamente. Empieza en lo más hondo de tu ser y te carcome por dentro hasta dejar sólo un cascarón vacío. Después de eso, a tu cuerpo solamente le queda la muerte y tú dejas de existir.

Siempre empieza destruyendo todo lo bello que hay en ti, todos los vínculos que te unen a los demás y al mundo. Luego, empieza a destrozar todo lo superfluo y lo negativo. Cuando termina ya no queda nada de ti, nada que pueda servir, te conviertes en un ser insensible e indiferente ante cualquier suceso que te rodee.

¿Y qué pasa con la esencia de la persona? Nadie lo sabe. Yo supongo que vuelve a los orígenes, al estado primario, al caos absoluto. Allí donde de la nada apareció todo, donde nace la energía. Bueno, es lo que creo.

24 mayo 2010

Harto de estar harto.
Harto de no decir lo que quiero por miedo a equivocarme.
Harto de quererla más de lo que quiero.
Harto de no saber.
Harto de imaginar.
Harto de saber lo que quiero.
Harto de no tenerlo.
Harto de no saber hablar.
Harto de querer olvidar y dejar todo pasar.
Harto de etc.

Y a pesar de estar harto me sigue encantando, igual que usar el verbo encantar cuando hablo de ella; la sigo queriendo más de lo que quiero, por que es así, y siempre como es; sigo sin saber por no preguntar; y sigo, sin poder,querer olvidar. Si no fuera como es, tanto cuando es blanca o cuando es negra... Además, no puede evitar ser preciosa...

Idiota.

22 mayo 2010

¿Dónde quedan esas calles?

*A esto se le llama escribir improvisadamente.( el arte de la improvisancia)

Dime, ¿dónde quedan esas calles de París? Hace tiempo que no existes, hace tiempo que no existo, pero siempre andamos dos. Y ahora te pregunto, dónde está el tiempo que perdimos, mientras pasaban las horas en algún lugar lejos de ahí. Sé que no responderás, que ya nos vimos pasar y las noches nos dejaron olvidar donde se encontraba el mar.

Dime, ¿por qué espero en Saint Dennis? Y paseo por las calles vacías buscando la sonrisa que te vi. Odio no entender por qué no entiendo nada. Supongo que será por no ver más allá de tu mirada.Ahora anhelo construir la fábrica de nubes que un día soñé. Para poder ver desde lo alto, desde allá donde todo es azul, y así poder hallar como encontrarte.

Vuelvo a estar donde pasan las horas, para buscar remedio a eso del tiempo. Y cuando lo repare volveré a andar por aquellos lugares que un día fueron nuestros. No te detengas a esperar, yo no descansaré, y así algún día, quizá, nos volvamos a ver pasar por una calle cualquiera, de una ciudad cualquiera y en un mundo que los dos hayamos tenido la suerte de haber imaginado.

10 mayo 2010

La ciudad arde

Llueven lágrimas en llamas que me calan de la cabeza a los pies. Primero eran pequeñas chispas doradas que alumbraban más que arder. El tiempo las convirtió al naranja y luego al rojo y al amarillo. Todo se convirtió en un infierno, mi pequeño infierno. Y tengo miedo. No del fuego, posiblemente del dolor o del silencio. Sí, todos esos silencios que me esperan. Si al menos los silencios significaran algo... Sólo un adiós al olvido, un sinfín de razones para echar de más o de menos. Ardo al fin. Nadie escucha mis aullidos de agonía . Todos arden. Todo arde. La ciudad se consume de dentro a fuera. Cenizas, lo devoran todo en una inmensa nube de polvo. Mmmm...polvo...

PS: No hablo de lo que pensáis.

04 mayo 2010

Sobredosis

Quizá no fuera tan desencaminado. Quizá el mundo aún tenga esperanzas. No sé, es posible, quién sabe. Y puede que yo también tenga esperanzas. No sé, es posible, quién sabe.¿Cómo que quién sabe? Si digo que hay esperanzas es que las hay, y punto en boca. No sé, es posible... ¿Quién sabe? Sí, eso es.

Se escucha un ruido a lo lejos. Es casi imperceptible, un murmullo. Incesante, insoportable, de un ser imfame, por supuesto. Aggghhhhh, es horripilante. Ve y mátalo, que no quede rastro de él ni de su insufrible rumor. Y antes de matarlo lo desnudará, lo mirará indefenso. Le obligará a tocarse, a mirarla, para finalmente acabar con él dando o muestra de toda crueldad.

Sobredosis. Al oir esta palabra todo el mundo piensa en medicamentos y drogas. Es lógico. Son temas que acongojan a cualquiera. Es sobrecogedor ver morir a gente de a penas treinta años. Buaahh, no lo entiendo. El tema es que tampoco quiero entender, hay cosas que es mejor no saber.

Bueno, esto es lo que se oye en mi cabeza...Y todo al mismo tiempo. :D

15 abril 2010

-¿Por qué lloras?- pregunta él.
-No sé...- responde ella entre sollozos.
-¿Cómo que no sabes?
-No sé...

Él le ofrece un kleenex.

-Gracias.- lo tira al suelo y sigue llorando.
-¿Pero...?
-¿De verdad... no sabes por qué lloro?- pregunta con voz entrecortada.
-Mmmm...No.
-Nunca me entenderás.

Ella se levanta y se marcha hacia la multitud para perderse en unos instantes por la plaza.

Uno menos y dos medios más. Todo son lamentos. El aire huele a miedo, a odio, a tristeza, aunque sobretodo a humedad. Odio recordar. Odio sentirme infeliz. Detesto verla pasar. Y su voz. No, su voz no, sólo sus palabras. Odio el día y la forma en que me di cuenta de que me había enamorado. Ahora estoy enfermo. Es una enfermedad con síntomas imprecisos. Diabólicos, para ser exacto. Ya no distingo hombre de demonio, ni ave de reptil, ni nada que los números no puedan predecir. Odio como me mira, y mirarla, tan lejos ella. Ya no puedo pisar los sitios que acostumbraba. Ya no. Doy vueltas y siempre estoy perdido, incluso antes de empezar a andar. Creo en el caos, lo que no sé es si él cree en mí.

08 abril 2010

Entre colillas

Ya es noche cerrada y la luna nueva brilla por su ausencia. A pesar del alumbrado, en la metrópolis se respira una atmósfera tétrica y sombría. Una neblina tenue recorre las avenidas, y por las calles sólo encuentras taxistas borrachos, infames y prostitutas.

Ahora ando por Provenza con dirección a las Ramblas buscando un último resquicio de vida. De vez en cuando, pasa algún coche deslumbrando mis pupilas dilatadas por la oscuridad. Se escuchan sirenas a lo lejos, ¿ a quién cojones le da por morirse a estas horas? Una lágrima pisa mi pie con tal vehemencia que parece de plomo. El otro se le acerca como intentando apartarla, pero no puede. Me quedo ahí palplantado, en medio de la acera, entre Aribau y las Ramblas, como un huérfano de casa bendecido con una pizca de pan.

Oigo una niña llorar en interminables sollozos. Su madre grita y luego también llora. Yo no hago nada. La madre, en su mejilla tiene un cardenal. Yo estoy tumbado en el suelo y las miro. La mitad de mi cara se baña en un charco eescarlata. Entre ellas y yo hay un cenicero hecho añicos también manchado de rojo. De pequeño me enseñaron que la violencia sólo engendraba más violencia, ¿por qué no lo aprendí?

Doy un paso más, pero mi cuerpo se siente muy pesado. Miro a mis pies y me doy cuenta que la lágrima que me cayó nunca fue una lágrima. Intento dar otro paso. Me siento mareado, lo veo todo borroso y me derrumbo sobre mis rodollas.

No pediré clemencia. No pediré perdón. Sé que no lo merezco. Ahora soy yo el que llora y nadie se da cuenta. Estoy enfermo. ¿Por qué a ella? ¿Por qué no se quejó? ¿Me temía? Definitivamente caigo al suelo. En mi rostro, la sancre se mezcla con las lágrimas y la suciedad en un tono oscuro. Malgasto mis últimos segundos de lucidez por miedo a recordar lo que veo. Al fin, abandono mi cuerpo y sigo mi camino por un sendero más liviano. Ya no encontraré ni un poco de vida, ya no.